lunes, 8 de febrero de 2016

La Encrucijada del Desarrollo

La premisa socialista es que el mercado se puede diseñar y controlar de manera inteligente para maximizar el beneficio a la población—y que el libre mercado no puede lograr ese objetivo. A esto se le suma la idea popular en Venezuela de que este es un país rico, fabulosamente rico, por poseer las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Lamentablemente hasta que el liderazgo—y la población—no reconozca que la riqueza nacional no está bajo el suelo sino en la gente que lo camina se mantendrá la ilusión de que lo que hay que hacer es distribuir la riqueza y que los gobiernos sólo fracasan cuando fallan en esa distribución.  Durante los últimos cincuenta años esta premisa e idea son las que han impulsado el nocivo modelo económico acogido por el liderazgo político venezolano y han resultado en la crisis económica en la cual se encuentra ahora el país.

Definamos y estipulemos lo queremos decir por crisis económica: es la situación en la cual se han perdido las condiciones para satisfacer las necesidades básicas de la gran mayoría de la población. Para entender el deterioro de estas condiciones en Venezuela hay que reconocer fallas estructurales en tres grandes mercados de transacción entrelazados: el mercado laboral, el mercado de bienes y servicios, y el mercado cambiario. A pesar del gran esfuerzo por los gobiernos para imbuir estos mercados con el “diseño socialista” las leyes del mercado son tan inexorables como la ley de gravedad y las consecuencias se ven en resultados claramente identificables por conceptos de libre mercado: incentivos perversos, crowding del capital, interés propio de los actores, ineficiencia de monopolios y, por supuesto, límites en la eficacia de gestión de gobierno.

El Mercado Laboral


La crisis se manifiesta dentro del mercado laboral en la gran incertidumbre, dificultad y riesgo que significa ser partícipe en este mercado. La demanda proviene del gobierno e industrias del gobierno y del sector privado. La oferta es la población económicamente activa. Esta población se ha incrementado a una tasa mayor que la del crecimiento poblacional, por incorporarse jóvenes que dejan de estudiar y mujeres obligadas a suplementar el ingreso familiar. El esqueleto sobre el cual se arma el mercado laboral es su legislación, la Ley Orgánica del Trabajo enmiendas y suplementos, un conjunto de normas concebidas para proteger el empleo pero que por efecto perverso promueven el empleo informal y limitan modalidades flexibles de contratación. Hay un gran deterioro en el llamado empleo productivo del sector formal: estable, bien compensado y con posibilidades de desarrollo personal.  Forzado y constreñido por regulaciones leoninas para proteger los empleos productivos existentes y por razones manifiestas de la crisis económica (quiebras, etc.), al sector privado le resulta difícil crear nuevos empleos a la tasa de nuevos entrantes al mercado laboral. Esto trae tres consecuencias: 1) jóvenes profesionales ven atractiva la posibilidad de desarrollar sus carreras en países extranjeros, 2) el gobierno aplica clientelismo como programa social para absorber parte del exceso laboral creciendo la nómina central y paraestatal y 3) el sector informal crece: “bachaqueros,” “ruleteros,” buhoneros, kiosqueros, etc., todos buscando un “resuelve”.  Más de 7MM de venezolanos están en la llamada economía informal o desempleados, aproximadamente el 60% de la población económicamente activa[1].

Si se considera que el empleo es el principal medio para distribuir las rentas derivadas de la actividad económica, entonces el trabajo remunerado es el factor económico más importante en la economía capitalista (parafraseando a Marysela Morillo Romero). Bajo economía socialista es de gran importancia el uso de bonos—alimentario, de vivienda, de transporte, de salud, educativo, etc., que disminuyen la importancia del salario y el valor del dinero. Esto trae como consecuencia una gran distorsión del mercado de trabajo y acelera la destrucción de empleos productivos (economía formal). Las redes de apoyo social (bonos, etc.) por supuesto que tienen cabida dentro de un sistema de libre mercado capitalista, debido a la existencia de fallas de mercado, pero no substituyen un empleo bien remunerado.  La incapacidad crónica del sector productivo del país para crear suficiente demanda de empleos productivos tiene un fuerte componente estructural que se ha venido anquilosando en el mercado laboral durante varias décadas de ideología socialista, tanto chavista como pre-chavista. Para impulsar la creación de empleo hay que reformar este mercado de modo que no siga siendo motor de creación de empleo informal, sino de empleo productivo.

El Mercado de Bienes y Servicios


La crisis es palpable, evidente y visible en el mercado de bienes y servicios.  El fracaso económico del modelo socialista es claro una vez más en Venezuela. La idea de utilizar la inteligencia humana para diseñar una sociedad económicamente perfecta se topa con los límites implícitos en la complejidad de los sistemas humanos. El mundo de la ciencia estima que tres variables definen lo que es un sistema complejo. Los políticos y sociólogos buscando diseñar la sociedad y los mercados se enfrentan a muchas más variables que esas.

Para entender el fracaso del modelo socialista se puede recurrir a dos postulados enunciados por el llamado “padre del capitalismo” Adam Smith: reducir la competencia siempre va en contra del interés público, y las personas actúan motivadas por el interés propio. El estado socialista sólo puede diseñar la economía si posee el control absoluto de sus factores fundamentales. En esto el estado venezolano tiene una ventaja considerable puesto que desde hace casi cincuenta años ejerce un control creciente sobre el factor económico más importante del país: la producción petrolera. Como comparación PDVSA en el 2014 tuvo ventas de aprox. $125 mil millones mientras que el grupo de Empresas Polar, sin lugar a dudas el mayor y más diversificado en el sector privado del país, tuvo ventas estimadas de $2.5 mil millones, alrededor del 2% de las de PDVSA. Es decir, el grupo empresarial más poderoso del país es cincuenta veces más pequeño que la más importante empresa del estado—y esa es una sola de éstas. El estado empresarial, modelo iniciado en los años 60, incluye las empresas llamadas básicas relacionadas con la extracción, hierro, aluminio, etc., y empresas del llamado interés público como infraestructura eléctrica, sanitaria y telecomunicaciones. Dada la enorme desigualdad económica entre el sector privado y el público es hasta asombroso que hubiese existido una semblanza de capitalismo durante el breve período entre los años 60 y 90, y es natural que los empresarios de entonces y de hoy en día entiendan que su mejor arma competitiva es la amistad con el gobierno de turno.  Lo que ese gran pulpo económico del estado ha creado es un híper-monopolio. Una entidad económica cuya tendencia es absorber cada vez más toda la masa de transacciones económicas dentro de su sistema de influencias.

Esto quiere decir que el advenimiento del socialismo chavista en Venezuela no es aberración política, es consecuencia del modelo político gestado en los 60, el llamado “capitalismo de estado,” porque la tendencia natural siempre ha sido que el estado buscase apoderarse del aparato productivo del país.

El caso del agro es ilustrativo de las tácticas brutales del poder monopólico. En mayo del 2010 Fedeagro planteaba la situación jurídica de la agroindustria en Venezuela de la siguiente manera:

"Pesa sobre nuestras propiedades la amenaza de intervención, la expropiación o la confiscación. A diario conocemos de la actuación de entes del Estado sobre explotaciones productivas que son arrebatadas a sus propietarios, son arrasados sus cultivos y abandonada su fuerza laboral. Estos hechos, además de mermar la producción agroalimentaria y generar desempleo, aleja la inversión productiva.. 
A todos los agricultores de este país, sin excepción, nos asalta la duda a la hora de decidir sobre necesarias y costosas inversiones en mejoras productivas a la tierra, en tecnología, en semovientes, en maquinarias y equipos, so pena de que se nos intervenga, expropie o confisque, no importa la tradición legal y la documentación que soporte la propiedad de nuestros predios.”  (Declaración de Valle de la Pascua, Mayo 19, 2010)

Los dirigentes de este híper-monopolio del estado socialista actúan basados en su interés propio pero sin las regulaciones naturales del libre mercado y obviando el control de fallas de mercado que un gobierno independiente liberal aplicaría. La acumulación de poder es tal, que fácilmente estos dirigentes pueden obviar la necesidad del estado de derecho o manipularlo a su conveniencia. Su único interés es mantener el poder y luchan tenazmente para ello en todas las arenas: económica, social, política y jurídica. Las consecuencias sobre la población de esta gran concentración de poder y uso de recursos para mantenerlo incluyen pérdida del poder adquisitivo y escasez, una perversión contable de lo que llamaba Smith “ganancias por encima de su nivel natural,” puesto que no hay bien más caro que el que no se consigue. Esa es la falla estructural del socialismo en el mercado de bienes y servicios, y es por eso que han fracasado todos los “socialismos reales.” Sin lugar a dudas, parte de la solución de la crisis económica en Venezuela está en fracturar y destruir el híper-monopolio empresarial ineficiente en el cual se ha convertido el estado, que rebasa todo límite de gobernabilidad posible y cuya única manera de mantenerse es con el control totalitario del país.

El Mercado Cambiario


Debido a la naturaleza histórica de Venezuela como país exportador de materias primas, el mercado cambiario sujeta a sus vaivenes al mercado financiero y de capitales. Es decir, éstos son subsidiarios al valor internacional de la moneda nacional, el cual depende de las reservas internacionales, las cuales dependen del valor del petróleo, principal producto de exportación. Como antecedentes, recordemos que a partir de la década de los ’60 la distribución de la riqueza petrolera a toda la población se hizo principalmente a través de dos mecanismos: un bolívar fuerte y una gasolina barata. Sin embargo a principios de los ochenta, con el llamado viernes negro, el esfuerzo financiero del gobierno por mantener una ilusión de control sobre el mercado cambiario pasó factura. Desde ese momento se inició una nueva industria en Venezuela que ha superado con creces muchas otras: la especulación cambiaria.

El arbitraje es un mecanismo económico natural que hace que diferencias temporales o coyunturales de precios por irregularidades y fallas de mercado se unifiquen. Tasas de interés, precios de commodities, etc., se autorregulan con el arbitraje y hay intermediarios que ganan y otros que pierden con esas micro-fluctuaciones. El arbitraje cambiario en Venezuela sin embargo es estructural, controlado por el gobierno y no logra ni busca unificar los precios del bien ofrecido: el dólar.

Con el origen de RECADI y sus sucesores (CADIVI, CENCOEX, etc.) y organismos paralelos como el SITME, comienza la industria más rentable de Venezuela, una industria que puede generar ganancias de centenares de porcientos en un día y absorbe miles de millones de dólares de capital. Lamentablemente las inversiones en esta industria no son productivas, son especulativas. Como el capital es limitado, cuando grandes porciones de capital no tienen destino productivo el remanente para ese destino se torna más caro, con lo cual se acelera la devaluación y la inflación. Un lamentable círculo de retroalimentación negativa.

El mayor incentivo de inversión en la economía venezolana, tal y como existe hoy en día, es invertir en arbitraje cambiario. El exministro Giordani declaró que el mercado de arbitraje cambiario en títulos de deuda facilitado por el SITME le costó al gobierno 25 mil millones entre el 2011 y el 2012. Eso equivale a poco menos que el total de las reservas del BCV en el 2011. El exgobernador y exdiputado Carlos Tablante asegura que por el mercado cambiario individuos y empresas se han apropiado de manera especulativa alrededor de 136 mil millones de dólares desde su inicio en el 2003. Los partícipes en este mercado de arbitraje incluyen desde estudiantes con poco impacto hasta PDVSA.

Como parte de los costos de inversión en el mercado especulativo cambiario muchos partícipes inescrupulosos incluyen los costos de corrupción y estafa. Con retornos de centenares de veces la inversión original, este costo es fácil de absorber. Importación legal de chatarra, alimentos podridos u otra mercancía ni siquiera recolectada en los puertos acumulan pérdidas mil millonarias en las reversas monetarias de la nación. Según Roberto Enríquez, presidente de COPEI, los llamados “capitales forajidos” en paraísos fiscales del exterior y provenientes de la corrupción y la estafa cambiaria suman más de 350 mil millones de dólares. Mientras no se cambien los incentivos financieros de los recursos de inversión para promover la inversión productiva en vez de la inversión especulativa no se podrá reiniciar el aparato productivo del país. Es por eso que el primer paso para la recuperación económica es la reunificación del control de cambio.

Crisis Estructural vs. Crisis Coyuntural


La crisis económica en Venezuela tiene su origen y antecedentes en políticas sociales aún anteriores al chavismo.  El país ha sufrido los efectos de estas políticas en el pasado, con consecuencias como el viernes negro, el Caracazo, el 4F, el colapso bancario, etc., todos altamente correlacionados con el bajo precio del petróleo y la alta deuda púbica. Frecuentemente estos eventos han resultado en cambios de dirigencia política, nunca en la dirección económica. El chavismo aplicó estas mismas políticas sociales a la N potencia y, al disminuir el petróleo a niveles sin precedentes, el modelo económico colapsó.

Muchas de las soluciones proclamadas por la dirigencia política tienen como lema común todo lo que conlleva aquel famoso slogan “¿dónde están los reales?” Es decir, si se recuperan todos los dineros extraídos de manera corrupta por el gobierno de turno y sus cómplices entonces la crisis se disiparía. No hay duda que hay que combatir la corrupción y encausar los corruptos, un festín de chipos que desangran el capital productivo del país (Venezuela está entre los diez países con mayor corrupción mundial), pero esta no es la solución primaria a los problemas estructurales que afectan productividad y empleo. Este modo de pensar mantiene la idea de que Venezuela es un país rico por naturaleza y lo que hace falta es administrar (distribuir) bien la riqueza. Recuperar el dinero corrupto podría servir para aliviar el shock inicial que causaría la unificación del control de cambios, paso indispensable para sincerar la economía; encausar corruptos pudiera servir como alivio moral pasajero—esto es pan y circo. Pero para recuperar el aparato productivo y revertir el crecimiento del empleo informal, verdaderas soluciones a la crisis económica estructural, el híper-monopolio del estado que obstruye la creatividad empresarial tiene que quebrarse al mismo tiempo que se flexibiliza el mercado laboral.

Cada crisis económica es una encrucijada. En 1989 hubo quienes trataron de tomar el camino de la economía liberal y fueron rechazados. Se le ofreció al país un camino de sacrificio temporal para andar el camino hacia un desarrollo real. El país político de entonces lo rechazó por oportunismo y conveniencia manteniendo el otro camino, el que nos ha llevado adonde nos encontramos ahora. Esperemos que en esta nueva encrucijada exista una mejor demostración de madurez política.

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[1] En el primer semestre del 2015, según el INE, la PEA era cerca de 14MM, de los cuales cerca de un millón estaban desocupados.

2 comentarios:

  1. Como todo jóven sarampionoso que fuí a Carlos R lo ubicaba en el sector mas reaccionario del pensamiento en mis años universitarios.Luego, la realidad me ha dicho cuanta sinrazón había en mis teorías políticas.El tiempo es un cincel silencioso,que no duerme.Despertar compensa nuestro amortajado naufragio

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  2. Mi comentario era relacionado con Carlos Rangel(P).Honor a quien honor merece

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