sábado, 6 de junio de 2015

Cuando las Mayorías Pierden.

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La fecha no está anunciada aún, pero aparte de la muy verdadera posibilidad de fraude, hay razones estructurales por las cuales hay gran probabilidad de que el chavismo mantenga el control de la Asamblea Nacional en las elecciones venideras. Datanálisis arroja que alrededor del ochenta por ciento del universo votante en Venezuela se opone al gobierno de Nicolás Maduro. Esto haría pensar que las elecciones parlamentarias serán arrasadas por la oposición. Sin embargo, estar contra Maduro no es necesariamente ser antichavista.   Los opositores al chavismo, sumados a los opositores de Maduro suman gran mayoría pero no necesariamente eso hará que la Asamblea Nacional electa este año sea antichavista.

El Universo electoral se puede dividir en cuatro grandes grupos: Chavistas pro-maduro, Chavistas anti-maduro, Antichavistas pro-MUD, y Antichavistas anti-MUD. Los grupos chavistas decidirán en sus primarias de junio entre sus pro y sus contra Maduro. Los candidatos eventuales caerán bajo la gran tolda de coalición chavista y sus partidarios seguramente en su gran mayoría votaran por ellos. Algunos sin lugar a dudas se abstendrán, pero el chavismo prevalecerá y, utilizando sus efectiva y conocida maquinaria, sacará sus votantes el día de las elecciones. Y chavista que vote no votará contra el chavismo.

Los resultados de Datanálisis sugieren que como un todo la oposición antichavista es mayoría.  El pluralismo rige y apasiona este grupo y el diálogo democrático a todo volumen hace parecer que hubiese gran desorden ideológico. Pero justamente es de ese desorden del cual surge la verdadera democracia. A grandes rasgos el antichavismo se puede dividir en pro y anti MUD.  El grupo pro MUD está claro en su participación electoral, pero el grupo anti MUD se ha definido como “un saco de gatos”, que va desde el rechazo democrático a la MUD, pasa por los abstencionistas, e incluye favorecedores de la ruptura institucional directa – los llamados golpistas.

El grupo anti MUD, en contraste con el anti Maduro, se caracteriza por tener poca intención de voto. De los anti MUD saldrán eventualmente las voces más oídas reclamando fraude, con el razonamiento que si hay 80% o más de oposición al gobierno, ¿cómo es posible que los chavistas ganen tantos curules en la asamblea?

Representación en la Asamblea Nacional


Si la intención de voto es mayor entre el chavismo que entre el antichavismo hay otra razón estructural que favorece al chavismo en sus aspiraciones electorales para una mayoría en la Asamblea Nacional: la matemática.

Hay 165 miembros en la AN. La representatividad se establece de la siguiente manera: toda entidad federal y la nación indígena tiene tres representantes, sumando 75 representantes. Cada 1.1% de la población tiene un representante, sumando 90, para el total de 165. Eso significa, por ejemplo, que Apure, con menos de 3% de la población del país tiene 3 representantes.

Es en la asignación de representatividad en las circunscripciones electorales que existe la falla estructural que favorece a las minorías.  Si a una entidad federal le tocan 4 representantes por porción poblacional, estos se repartirán evitando el redondeo. Por lo tanto las zonas con mayor aglutinación poblacional, i.e. áreas metropolitanas y urbanas, salen con el cabo corto en esta matemática. Es decir, si una circunscripción tiene 2.2% de la población (nacional) le tocan 2 representantes, pero si tiene 2.1%, le toca uno.  El exceso poblacional se reparte y el Poder Electoral decide que circunscripción obtiene el diputado adicional dentro de la entidad federal. Por haber mandato constitucional de representación de minorías, estos diputados adicionales se repartirán en zonas más rurales de la entidad federal. 

En el ejemplo, de los cuatro representantes, tres se consideran por entidad federal y uno por población. Este último puede asignarse al centro más poblado, y probablemente lo será. Pero cuando la entidad federal tiene diez o más representantes, la distribución de diputados en exceso de los tres diputados base favorecerá zonas rurales.

La pregunta tiene lugar: ¿y que tiene eso de malo? ¿Acaso estas zonas tradicionalmente más desfavorecidas no tienen derecho a que se les oiga con mayor volumen?

Sin lugar a dudas dicha voz debe ser oída y no silenciada por la tiranía de las mayorías. Sin embargo, la acumulación de ajustes efectivamente distorsiona el resultado electoral y aun cuando exista minoría en la totalidad del voto, el sector más compenetrado con el populismo rural probablemente ganará un mayor número de representantes ante la Asamblea Nacional.  Es decir, por ventajismo, penetración y poder del chavismo en los sectores rurales venezolanos, es muy posible que el número total de votos opuestos a la coalición de partidos de gobierno sea mayoría, pero aun así las representaciones alícuotas por circunscripción electoral favorezcan a la coalición chavista en la Asamblea Nacional. Es el Triunfo de las Minorías -- no todo voto cuenta igual.

El Fraude Electoral


El grito de fraude es de esperarse, especialmente por sectores dentro del “saco de gatos” siempre alegando, bajo cualquier resultado, que cualquier triunfo es insuficiente y que hubo votos robados (o añadidos). Pero, como se argumentó anteriormente, entre la distribución de la representación parlamentaria y el abuso del ventajismo legalizado, existe una gran posibilidad de que el oficialismo “gane” las elecciones.  Es por ello que el proceso electoral requiere de mucha atención.

No es de escatimarse la verdadera posibilidad de fraude electoral. En el libro “El Bumerán Chavez” (Emili J. Blasco) se relata, presuntamente de boca de Leamsy Salazar (el entonces jefe de seguridad de Diosdado Cabello), cómo se volcó la tendencia de resultados favorecedores a Henrique Capriles mediante argucias electrónicas. Blasco afirma en su libro que, en un posible desliz, el entonces entrante Ministro de Interior y Justicia, General Miguel Rodríguez Torres, habría dicho: “Vale, es verdad. Añadimos trescientos cincuenta mil votos.” Cabe recordar que, oficialmente, la diferencia de votos a favor de Maduro fue de menos de 250 mil votos (1.49%).

Si los alegatos sobre las elecciones que llevaron a Maduro a la presidencia son ciertos, el sistema chavista ha perfeccionado sus mecanismos tanto legales como fraudulentos para conservar el poder.  El informe Carter sobre las elecciones del 2013 es contundente en cuanto a los abusos y ventajismos legales detectados y utilizados por el gobierno – por hecho de ser gobierno: “la desigualdad de condiciones de campaña en términos tanto de recursos financieros como de acceso a los medios de comunicación disminuyen la competitividad electoral, particularmente bajo un marco legal que permite la re-elección indefinida de los representantes públicos.” Si a eso se le suma la manipulación electrónica del conteo de votos, la conclusión es que el ejercicio de la democracia en Venezuela carece legitimidad.

Sin embargo, todavía hay en Venezuela una oposición liberal democrática. El proceso social mediante el cual toda participación política posible se mueve dentro del rango limitado de posibilidades de un socialismo interpretado por Chávez – desde “chavismo Light” (como en la MUD) hasta comunistas rabiosos – no está consolidado. No como en Irán, por ejemplo, donde las elecciones se debaten entre posiciones más o menos fundamentalistas sobre su revolución Islámica. Venezuela todavía no llega a ese nivel, pero está encaminada hacia ese rumbo, como bien afirmó el ministro Giordani en sus famosas palabras acerca de los treinta años de penetración ideológica. Pero una democracia así no es ni pluralista ni representativa. Es una democracia totalitaria. Una “democracia” sólo de nombre como La República Democrática Alemana (DDR), controlando elecciones y el pueblo con la famosa Stasi; o como en Egipto bajo Mubarak, Iraq bajo Hussein, o Corea del Norte bajo Kim; con elecciones que reeligen sistemas represivos con mayorías de entre 95 y 100 por ciento del voto.

La única manera de garantizar la continuidad de la verdadera representatividad, pluralidad y oposición de ideas en Venezuela es fortaleciendo la confianza en el proceso electoral. No es solución suficiente el llamado a tener “Árbitros Independientes” durante la jornada electoral. Las propuestas de los repetidos informes del Centro Carter en las pasadas tres elecciones llamando a tomar medidas eliminatorias del ventajismo deben ser exigidas por la oposición. Las recomendaciones de los exjefes de Estado en la Carta de Panamá sobre la supervisión por ONGs internacionales en las elecciones deben acogerse, y ampliarse para incluir desde depuración de listas hasta revisión del software electoral y supervisión de auditorías tanto electrónicas como físicas. Y el mundo internacional debe estar dispuesto a exigir, con promesas de sanciones, que se garantice y respete una elección verdaderamente y demostrablemente abierta y democrática.

Por lo expuesto anteriormente es posible y probable que la mayoría de los representantes electos a la Asamblea Nacional sean pro Chavistas en estas elecciones. Si el poder electoral y el partido de gobierno de Venezuela no tienen nada que esconder o agendas ocultas, aceptar la transparencia exigida debería ser bienvenida, puesto que hace legítima esta probable victoria en puestos de representantes ante la AN en los próximos comicios, aun cuando numéricamente el voto en contra de la coalición de gobierno sea mayor. Pero garantizando el proceso electoral se fortalece la pluralidad de ideas característica de democracias representativas, y se mantiene viva la única verdadera oportunidad de mejora en la condición económica y social de Venezuela: la democracia liberal.

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