miércoles, 6 de mayo de 2015

La Igualdad, la Libertad y la Felicidad

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El Acta de Independencia de Venezuela, entre sus justificativos para romper con el gobierno español, incluye uno de los primeros reclamos registrados oficialmente por escrito contra la demagogia y las promesas incumplidas, derivado directamente de un lema de la revolución francesa la cual, irónicamente, había conducido al gobierno con el cual rompía ahora la Capitanía General de Venezuela:

“…nos prometían la libertad, la igualdad y la fraternidad, en discursos pomposos y frases estudiadas, para encubrir el lazo de una representación amañada, inútil y degradante.”

Es así como los conceptos de igualdad y libertad se encuentran en el origen de la nación venezolana—y en las numerosas y sangrientas pugnas fratricidas subsiguientes que ha sufrido desde el 5 de julio de 1811.

Si en lugar de evidentemente complementarios analizamos estos derechos universales como complejamente antagónicos, podemos entender algo mejor el porqué de dichas pugnas y su efecto sobre la felicidad del país.


El Marxismo como Base de la Justicia Social


El debate sobre justicia social tiene entre sus fundamentos principales la premisa de la igualdad del hombre con sus semejantes. Dicha premisa obliga moralmente a la empatía cuando existe desigualdad y busca remediar la condición y aliviar el sufrimiento de los más desafortunados. El corolario de esta línea de pensamiento es que la sociedad justa es aquella en donde todos sus miembros son iguales y participan por igual, basado en el precepto marxista según el cual en la sociedad del estado superior comunista “cada cual aporta según su capacidad, cada cual recibe según su necesidad.”  Es una igualdad en el resultado, no en el origen.

Sin lugar a dudas el viejo dicho sobre el camino al infierno y las buenas intenciones bien describe las consecuencias de la semilla intelectual de Karl Marx. Marx tenía una visión positiva y progresiva de la historia y, observando la condición de la sociedad industrial del siglo XIX, rechazaba con aversión el capitalismo que había engendrado los horrores sociales de la época. Consideraba que la contínua e histórica lucha de clases por el control de los medios de producción eventualmente conduciría a la revolución socialista dirigida por el proletariado obrero y que devendría en el comunismo, fase en el cual no existirían clases y la producción sería gobernada por una comunidad de individuos asociados libremente en donde “cada cual…” etc., etc., etc. Serían pasos naturales en la historia social: paso uno, paso dos, paso tres…
Ese inevitable paso de la revolución obrera en las sociedades capitalistas industriales, sin embargo, nunca ocurrió. La ortodoxia sobre este axioma de Marx era tan doctrinario que, cuando Fidel Castro planteó su revolución como una toma de poder por la fuerza basado en el “foquismo” guerrillero, saltándose el paso de la revolución obrera, no obtuvo el apoyo de la Unión Soviética o sus acólitos en el partido comunista cubano. 

Las sociedades que abrazaron el ideal utópico del marxismo fueron y son principalmente agrarias, mono-productoras y/o pre-industriales, generalmente lideradas por un grupo jerarquizado de autócratas remplazables y, por lo tanto, haciéndole fácil a una nueva jerarquía totalitaria implementar cambios estructurales—por ejemplo el partido comunista sustituyendo la aristocracia zarista en Rusia.  Las purgas por asesinato en masa, por lavado de cerebro en campos de concentración y por destierro de los "enemigos de la revolución" son consecuencia normal del poder absoluto que ejerce la nueva élite para cambiar la estructura social. Es por eso que los crímenes de Stalin, Mao, Kim, Fidel y Pol Pot son similares, naturales y consecuentes con la imposición del socialismo marxista.  Aquellas sociedades capitalistas industriales que rechazaba Marx (y con razón, por su alto grado de inequidad e injusticia social en su momento), han autocorregido y perfeccionado sus redes de bienestar social y tienen  ahora indiscutiblemente mejor nivel mundial de calidad de vida bajo cualquier comparación y medida. 
De las sociedades persiguiendo el sueño ideal marxista hay tres países que nos muestran los resultados a nivel histórico: China, Corea del Norte, y Cuba. Tras cincuenta años o más se podría pensar que el feliz “cada cual…” estaría en pleno vigor en estos países. Sin embargo, las condiciones de Cuba y Corea del Norte son de hambre y pobreza bajo un yugo totalitario que reprime toda individualidad. China, después de hambrunas nefastas, purgas ideológicas y devastación de cualquier semblanza de infraestructura productiva, ha cambiado el rumbo (parcialmente) y favorece al capitalismo como socio, permitiendo empresarios y aceptando el consumismo.  Bajo un régimen de poder totalitario, esa mezcla es peligrosa. La corrupción, con larga tradición histórica en la China, ha creado mafias poderosas que eventualmente pueden socavar la seguridad e integridad económica de la nación China. Los disidentes, intelectuales y medios que denuncian dicha corrupción son silenciados de manera rutinaria-- a menos que alguna agenda política esté de por medio y convenga la denuncia.

No podemos dejar de un lado el caso de la Unión Soviética, el país imperialista más agresivo del siglo XX, con células muy bien pagadas a nivel mundial con la intención de convertir en dóciles satélites del socialismo soviético a cuanta nación pudiera. Conozco personalmente algunos que en su época fueron encarcelados por comunistas y hoy en día me dicen que en aquel entonces les pagaba el partido comunista ruso. Por alguna razón pareciera que la Rusia Imperial expansionista está en la genética de la psiquis de la clase dirigente de esa region--he allí Chechnia, Crimea y Ucrania. El desmembramiento de la URSS fue un gran golpe a esa psique, y su armamentismo, presión y agresión armada es lo que parece satisfacer su nacionalismo tribal.
En contraste con la China, que está en plena expansión de su imperialismo económico en África y Sur América, Rusia busca un imperialismo militar, financiando armas y proponiendo bases y asociaciones militares en esas mismas regiones (de esto he escrito anteriormente, en mi libro Campaign Journal 2008–A Chronicle of Vision,Hope and Glory, Capítulo 7: State of the Nation–Outsider Influences: Monroe is Long Gone; Transaction Publishers 2009). El fracaso económico del comunismo en Rusia se ha traducido en un peligroso nacionalismo que aplaude la fuerza militar, condona el caudillismo totalitario y pone en peligro al mundo. Francamente, no pienso que era eso lo que tenía Marx en mente.

Dentro de este contexto, se define una nueva rivalidad de estrategias imperiales en lugares como Nicaragua, donde China está financiando un nuevo canal, mientras Rusia le propone a ese país la instalación de una base militar.

Venezuela: El Socialismo del Siglo XXI

Con el ejemplo de Venezuela, el mundo contempla nuevamente el fracaso del modelo socialista.  Tomando una frase del TClel. Chávez, en su retórica contra el liberalismo y capitalismo, lo que se ve en Venezuela hoy es el resultado de un “socialismo salvaje”.  Las naciones que con tanto afán se esforzó el Comandante en transformar bajo su modelo e ideales en el Caribe y Latinoamérica deben (o deberían) estar viendo los resultados de esas políticas y reevaluando tanto esos ideales como su propia alianza. Se corrió el velo: el éxito de Chávez fue una ilusión fundamentada sobre un alto precio del petróleo que le permitía comprar a manos llenas las simpatías tanto de aliados internacionales como de su pueblo (léase: votos). Ahora, con la bonanza esfumada, las caras se voltean. A fin de cuentas no era socialismo, sino capitalismo puro y simple usurpado por el estado en afán redistributivo sin equilibrio, basado en la idea falaz que la igualdad impuesta es la manera justa de repartir la bonanza petrolera.  Otra vez la idea del "a cada cual..."

 La Renta Petrolera

Sin embargo esa ilusión de bonanza también era espejismo. En reciente entrevista callejera, un investigador pregunta a peatones casuales acerca de lo que piensan que debe ser el monto “que les toca” por la venta del petróleo. Las cifras en respuesta van de decenas de miles a millones de dólares (salvo por un "inocente" al final). La realidad es muy distinta. Un simple cálculo utilizando exportaciones petroleras, habitantes y precios de la cesta de exportación arroja las cifras reales. Durante los últimos veinticinco años (1989-2014), en precios constantes (2014), el ingreso bruto por exportaciones petroleras, (antes de costos de operación y distribución, regalías e impuestos) ha variado entre apenas $760 en 1998 a $2.500 en el 2008 anuales por habitante. Con el nivel de exportación que informa el gobierno en la actualidad (2015) se puede estimar en $1.200 anuales el índice ingreso bruto/habitante ($3.28 diarios).

Ingreso Bruto Diario por Exportaciones de Petróleo – 1989-2014

Año

Exportación BB/D

WTI

Cesta Venezuela

Ingreso bruto /hab

2014 (NOV)

     1,905,243

$92.41

$87.20

$5.46

2013

     1,912,342

$88.95

$83.94

$5.36

2012

     1,946,018

$91.39

$86.24

$5.69

2011

     1,805,993

$77.11

$72.76

$4.59

2010

     2,004,752

$58.76

$55.45

$3.94

2009

     2,020,705

$100.01

$94.37

$6.88

2008

     2,062,448

$72.99

$68.88

$5.21

2007

     2,068,559

$68.28

$64.43

$4.97

2006

     2,233,779

$60.45

$57.04

$4.81

2005

     2,282,322

$47.05

$44.40

$3.90

2004

     2,040,786

$35.55

$33.55

$2.68

2003

     2,353,310

$29.92

$28.23

$2.66

2002

     2,789,522

$30.69

$28.96

$3.29

2001

     2,961,052

$37.55

$35.43

$4.36

2000

     2,648,012

$23.42

$22.10

$2.48

1999

     2,952,040

$17.26

$16.29

$2.08

1998

     3,062,988

$27.43

$25.88

$3.50

1997

     2,731,630

$30.79

$29.05

$3.57

1996

     2,533,772

$25.96

$24.50

$2.85

1995

     2,356,012

$24.94

$23.53

$2.61

1994

     2,207,343

$27.39

$25.85

$2.74

1993

     2,105,835

$32.40

$30.57

$3.16

1992

     2,104,841

$35.03

$33.06

$3.50

1991

     1,866,590

$41.79

$39.43

$3.79

1990

     1,637,802

$34.91

$32.94

$2.87

1989

     1,611,280

$29.73

$28.05

$2.40


Pero esos ingresos se han mermado también por los convenios de intercambio que ha promovido el gobierno de Venezuela. A esos $2,500 brutos en el 2008, por ejemplo, hay que restarle, no sólo los costos de operación y distribución, regalia e impuestos más los costos de subsidio al consumo interno (el precio de la gasolina está alrededor de un centavo de dólar por litro) sino también 1) los descuentos otorgados a países “amigos”, y 2) los cientos de miles de barriles diarios esencialmente regalados al gobierno cubano.

La economía y la popularidad de los políticos venezolanos siempre han estado a la merced del vaivén del mercado petrolero mundial. Pero bajo el socialismo salvaje esta perogrullada es más cierta que nunca.  Los opositores del gobierno serían mucho más débiles si el barril de petróleo estuviese al doble de su valor actual. 

Origen vs. Resultado

El modelo de sociedad basado en la igualdad como resultado es un modelo fallido. Las expectativas creadas son irrealizables y para mantener el orden “igualitario” la sociedad cae bajo un patrón rígido y jerárquico establecido por aquellos que controlan los medios de producción.  Solamente con papeles bien definidos y mantenidos con alto grado de control puede esa sociedad mantenerse. El Imperio Inca, el experimento jesuita de “reducciones indígenas” en Paraguay del S. XVI, incluso la república Platónica ejemplifican el ordenamiento totalitario que requiere una sociedad para que el precepto “cada quien… cada cual…” pueda ejecutarse. Este modelo es frágil puesto que la naturaleza humana tiene una característica fundamental: el libre albedrío.

El pensamiento de Thomas Jefferson en su argumento para declarar la independencia de los EEUU de Inglaterra es ilustrativo de las diferencias entre igualdad de resultados e igualdad de origen.  El preámbulo enuncia que hay verdades que son auto-evidentes:

“Que todos los hombres son creados iguales, y que el Creador les ha otorgado a los hombres ciertos Derechos inalienables, entre ellos el derecho a la Vida, a la Libertad y a la procura de la Felicidad.“

Esta frase, con ascendencia en Locke y posiblemente en el pensamiento epicúreo, sin lugar a dudas es el origen intelectual de la próspera nación del norte. Primero, se establece que la igualdad es de origen: “todos los hombres son creados iguales”. Este es el fundamento del estado de derecho. Cada quien es igual ante la ley. Por ende a todos se les debe garantizar igualdad de oportunidad: educación, salud y seguridad por igual—es decir los bienes públicos se establecen conceptualmente.  El rol del gobierno empieza a definirse a partir de esta frase, puesto que ella implica que hay interés social en garantizar la igualdad al origen, al inicio. En una sociedad moderna el papel del gobierno, bajo este precepto, es garantizar que todos sus miembros puedan tener igual acceso a la oportunidad de mejorar su condición de vida, sea por educación, salud, protección de fronteras y del orden público, sistema judicial, e infraestructura en general. Como corolario, se implica que el rol del gobierno incluye protección ante las fallas de mercado.  El discurso político en la actualidad entre los dos partidos en los EEUU gira–y siempre lo ha hecho—alrededor de la interpretación de ese precepto. Se puede esperar que la campaña presidencial del 2016 lo haga de nuevo.

Como dice Jefferson, son auto evidentes los aspectos de la vida y la libertad como derechos fundamentales de la existencia humana. Es el tercer derecho el que ha generado mayor discusión filosófica al respecto. Hace muchos años, a mediados de la década de los 80, mi padre, el escritor y analista político Carlos Rangel, me pidió que le tradujera un texto de Daniel Patrick Moynihan. La obra de Moynihan es muy variada, desde el elogio a la estatura como ventaja política y personal (medía 1.96), pasando por la peligrosidad del diseño de los automóviles de su época, hasta la importancia de escuchar las voces reprimidas que son el origen de la protesta social. En este ensayo en particular, Moynihan se centraba sobre ese tercer derecho enunciado por Jefferson.

No sé si mi padre llegó a utilizar aquella pobre traducción mía para alguna de sus columnas de opinión. A fin de cuentas, lo único que me calificaba entonces era que yo hablaba tanto el inglés como el español, lo cual no es suficiente para ser un verdadero traductor o intérprete. Pero me demoré de más porque estaba fascinado—y conversamos sobre el asunto—con el argumento central de Moynihan, el cual era muy sencillo: los gobiernos no pueden garantizar o proveer la felicidad dado que ésta, por su propia naturaleza, es pasajera y relativa. Los gobiernos sólo pueden garantizar y proveer las condiciones bajo las cuales un individuo puede buscar procurarse la felicidad, aún cuando efímera.

Entender lo que significa el derecho a la procura de la felicidad, es entender que el ser humano tiene el derecho a crear empresa, en el más amplio sentido de la palabra. ¿Cómo, si no, va a perseguir esa meta? Pero en esa procura surgen diferencias naturales, de talento, dedicación y hasta físicas. Estando en la universidad un profesor me lo ilustró claramente: él cuando joven siempre quiso ser basquetbolista profesional. Pero no llegó a dar la talla—tendría escasamente un metro sesenta de estatura. 

En la procura de la felicidad se combinan la voluntad, la aptitud, las buenas y malas decisiones, y algo de suerte, por supuesto. Pero lo importante es entender que el rol del gobierno, bajo este concepto, es aumentar y garantizar las oportunidades del individuo para obtener dicha felicidad. El gobierno no puede imponer la felicidad por decreto, cada individuo se la procura por sí mismo, puesto que cada individuo tiene su propia definición de lo que le representa dicha felicidad. Eso es el libre albedrío en acción, fundamento de la libertad.

El Mar de la Felicidad

En una sociedad modelada bajo el concepto de igualdad de origen existe mayor libertad de empresa, y la diversidad de resultados generados por esa condición genera la posibilidad de un mayor bienestar en su totalidad. Por la misma diversidad inherente a este modelo, hay gran desorden de ideas, de empresa, de estilos, de éxitos y de fracasos, pero los resultados son claros. Este modelo social es más justo que aquél basado en la igualdad impuesta. Es perfectible pero, justamente, esa es la idea y lo admite de sí mismo (razón por la cual en este tipo de sociedad prevalecen las democracias representativas). Su dinamismo le permite renovar y mejorarse con ideas frescas y desechar las que representan un lastre a su desarrollo.  

Basta comparar las pretensiones igualitarias de los países fallidos de la Europa Oriental entre los 50 y los 80 (en particular Alemania Oriental y Occidental) y ver la nueva prosperidad alcanzada, por ejemplo, en la república Checa cuyo PNB per Cápita creció 80% desde la caída del muro de Berlín. O contrastar Corea del Norte, que pretende imponer igualdad en estado permanente—como base de la felicidad para sus ciudadanos—con su hermana Corea del Sur, la cual permite el libre albedrío de empresa (la procura de la felicidad) en igualdad de origen y acepta que el resultado no será igual para todos. Pero sabe que la sociedad en general estará mejor.

Sin lugar a dudas, tanto por la obligación moral como por el mejor interés público, las diferencias en niveles de ingreso y bienestar social de los individuos menos favorecidos no deben ser ignoradas. Pero en sociedades que enfatizan la libertad y aceptan desigualdad de resultados hay mejores mecanismos (y riqueza) para la redistribución que en aquellas que históricamente han buscado doctrinariamente la igualdad de todos como resultado.  Existe el peligro evidente de caer en racismos y clasismos, pero el precepto de que todo ser humano es creado igual eventualmente prevalece, por ser parte intrínseca de un marco jurídico protector de los derechos del individuo contra esa lacra de la naturaleza humana. Sin el marco jurídico de un estado de derecho robusto esa lacra puede bandearse impune e inclusive celebrarse coloquiamente, como de hecho lo hace y han hecho en sociedades que supuestamente enfatizan la igualdad ante todo para sus miembros.
En noviembre de 1999, Chávez, como invitado de honor, declaró en un discurso  en la Universidad de la Habana que Venezuela estaba en el rumbo hacia el mar de la felicidad cubana. Había tomado posesión de la presidencia en febrero y acababan de celebrarse elecciones para una asamblea constituyente cuyos resultados fueron a favor contundentemente de sus partidarios. Castro, con Chávez, finalmente entraría a Venezuela y se sacaría el desquite final contra el presidente Rómulo Betancourt (1959-1964), el llamado "Padre de la Democracia" de Venezuela.  Sin lugar a dudas Fidel pensó “el que ríe último, ríe mejor.”  El ánimo personal entre Rómulo y Fidel era tal que Rómulo no se refería al dictador de Cuba sino como “aquél al cual no quiero nombrar.” Ahora Venezuela estaba encaminada hacia el mar de felicidad cubana, impuesta por decreto y con poder casi absoluto ejercido por el Comandante Supremo Hugo Chávez bajo la implacable mirada de Fidel. La Igualdad se imponía sobre la Libertad, en aras de la "Felicidad."

Carlos J. Rangel – Mayo 2015

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