domingo, 26 de abril de 2015

Breve y Simple Cuento de una Mata de Mango


Sentado en el sofá viejo del salón familiar de una casa vieja, con zaguán al frente, porche trasero y jardín frutal descuidado, el Papá de El Chamito lee un pesado libro de filosofía.
El Chamito entra corriendo, todo emocionado.
El Chamito: ¡Papá, mira papá, mi negocio de juguitos de mango está resultando! ¡Vendí mil bolívares hoy!
Papá del Chamito: Que bien. Pero, sabes, esa mata de mango está en el jardín de la casa, y la casa es mía, así que me toca mi parte – la mayoría, porque sin mata, no tendrías jugo.
El Chamito: Pero…  tengo que pagarles a mis asistentes, y necesito una máquina de jugos nueva, y tengo que pagarle al afilador de cuchillos, y un poquito para mí, y ahorrar para la merienda.
Papá del Chamito: Y, ¿cuánto necesitas?
El Chamito: bueno, me cuesta entre una y otra cosa como 500.
El Papá del Chamito cierra con calma su libro, prende un tabaco y pondera la situación. Finalmente le dice a Chamito cómo va a ser la cosa.
Papá del Chamito: Okey, por el derecho a que recojas los mangos, te voy a cobrar 300. Y como estás haciendo tanto real, de los 200 que te quedan, te voy a quitar 190. Así te quedan 10. Con eso te debe resultar suficiente para la merienda. Eso es lo justo, porque la mata de mango es mía y sin mata, no tienes jugo.
El Chamito: …este… bueno… okey.
Papá del Chamito: Y ese es el cálculo con mil bolívares. Si vendes más, como ya cubriste tu costo, lo llamaremos “excedente”, y es todo para mí.
El Chamito: ¿Y si vendo menos?


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