viernes, 6 de enero de 2017

Manifiesto por Venezuela

Hace casi sesenta años, una generación de venezolanos se manifestó en contra de un gobierno que coartaba participación, limitaba oportunidad y detentaba las herramientas del poder con aras a mantenerse en el mismo. Esta generación originaria contaba con líderes e intelectuales provenientes de múltiples sectores; que habían sido perseguidos y asediadados; forzados a la clandestinidad o al exilio por decreto o por principio; con venezolanos de larga data, de generación reciente y de adoptivos.
Algunos de estos originarios habían participado en el primer experimento democrático de la segunda mitad de la década de los ‘40 y reconocieron los errores de ese período, tratando de corregirlos y ser más incluyentes en este nuevo intento democrático. Todos ellos veían en el país un gran potencial de futuro al alcance de la mano y aquel gobierno de turno, transformado en régimen de dictadura, mantenía los rezagos del personalismo haciendista del pasado. Al sacudirse de ese régimen, y ante la oportunidad de reconstruir las bases de la república los principios liberales de estos originarios incluyeron:
  • Protección de la dignidad humana
  • Igualdad de oportunidad
  • Igualdad ante la ley
  • Respeto a las minorías
  • Libertad de expresión tanto en voz como en voto
  • Derecho a la propiedad individual

Estos principios parten del derecho universal a la libertad, derecho fundamental adquirido por todo ser humano nacido en esta tierra. Estos principios fueron base de constitución, gobierno e ideología de la hoy llamada “Cuarta República.” Como todo principio idealista, fueron metas a lograr, a perseguir y por luchar. Su implementación incluyó la supeditación de las fuerzas armadas a la sociedad civil (incluyendo separación en forma e institución de las FF. AA. del mundo político), la representación proporcional de las minorías políticas, la no reelección inmediata, y la Independencia del poder judicial, entre otras.
Los años sesenta fueron un período de transición con atentados contra esa promesa de futuro tanto por agentes externos, títeres de la guerra fría, como por agentes internos con ambiciones de poder, reforma unipersonal y costumbres caudillescas. Ante estos embates, los originarios tomaron atajos institucionales y debilitaron sus principios base, infringiendo libertades y derechos, alienando minorías, suspendiendo garantías a conveniencia, y alimentando demagogias y populismos tanto a su favor como en su contra, llevando eventualmente a una crisis de madurez política.
Sin madurez política no existe desarrollo posible. La madurez política consiste en proteger los principios universales sobre los cuales se basa el Estado. El desarrollo consiste en estructurar un sistema que permita al individuo maximizar su potencial posible ajustado a esos principios y a los derechos humanos y sociales del hombre. El deber primordial del Estado es defender dicho sistema y crear las condiciones que permitan oportunidades para ese desarrollo individual, semilla del desarrollo nacional.
Hemos visto lo que la falta de madurez política nos ha traído. Líderes políticos aprovechando su posición, otorgada de buena fe por el pueblo elector, traicionaron los principios de defender el estado de derecho y de crear condiciones de oportunidad individual. De esta manera la nación fue llevada a la situación en la que se encuentra hoy, tres generaciones después del inicio de aquel experimento democrático original.
El gobierno de Venezuela a principios del S. XXI, nuevamente transformado en régimen de dictadura, ha traicionado al país y su potencial. Las causales de dicha traición son arrogancia, sectarismo y ambición de perpetuidad en el poder. La traición se manifiesta con el sufrimiento y daño causado a la nación mediante acciones directas e intencionales, entre las cuales se pueden enumerar las siguientes:
  • Ha infligido destrucción de bienes patrimoniales de la nación, tanto naturales como humanos.
  • Se ha burlado de la defensa de los derechos humanos y sociales de todos los venezolanos, incluyendo vida, libertad, salud, trabajo y educación.
  • Ha pervertido la democracia representativa, distorsionando el sistema electoral y desconociendo la voluntad popular tanto de resultados como de intención.
  • Ha causado el empobrecimiento brutal de la población, insistiendo en la aplicación de un modelo asfixiante de toda iniciativa que no esté bajo el control estricto del estado mediante usurpación, regulación excesiva o amenaza directa.
  • Ha abdicado la soberanía a naciones extranjeras tanto en los recursos del país como en su defensa, haciendo negocios, tratados, hipotecas y acuerdos secretos con naciones y entidades extranjeras.
  • Ha supeditado el poder civil al poder militar, denigrando el rol de ambos en la conformación de un Estado centrado en la libertad del ciudadano como condición básica.
  • Ha obstruido la administración de justicia y la legalidad, interfiriendo repetidamente en la independencia judicial con el fin de reprimir oposición legítima a sus políticas.
  • Ha protegido y facilitado prácticas corruptas y criminales de sus miembros, adeptos y acólitos, contribuyendo activamente al colapso del contrato social basado en el respeto a la ley, la propiedad y la vida.
  • En afán de hipertrofia cancerígena ha debilitado, intervenido, socavado, sustituido, callado  o atacado organismos e instituciones independientes de la sociedad civil tales como sindicatos, cámaras de comercio, asociaciones vecinales o educativas, la iglesia, colegios y gremios profesionales, la prensa y otros que canalizan y amplifican la voz ciudadana ante el gobierno.
  • Ha sembrado y exacerbado odios fratricidas entre el pueblo venezolano dividiendo y debilitando el gentilicio nacional.
  • Ha esquivado la responsabilidad de defender la integridad física de la nación al desistir, por conveniencia política de una nación extranjera, a la negociación legítima del diferendo territorial del Esequibo.

Estas causas enumeradas bastan para inculpar al régimen de usurpadores que manejan los destinos de la nación de traición. Traición a los principios fundamentales que conforman un estado y un país, y de la protección y defensa de sus pobladores. Ante esta traición, es legítima la invocación de defensa implícita en el artículo 350 de la Constitución vigente de la nación:
“El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”
Hay venezolanos en el territorio y en el extranjero dispuestos a ser fieles a esa lucha. Dispuestos a poner en práctica ideales para construir un futuro posible que necesita reconocer el pasado y utilizar el presente; que necesita reconocer que construir un país es un proceso permanente, no una meta lograda; que necesita de todos los venezolanos, permitiendo que sea cada uno el que construya su parte del país.

Este régimen de usurpadores ha traicionado lo que significa ser gobierno y será juzgado como tal. Los colaboradores desde la oposición facilitando el subdesarrollo político serán llamados a justificar su responsabilidad. La República de Venezuela ha sido, es y siempre será una sola y los principios universales que rigen estados bajo preceptos de justicia, respeto a los derechos y democracia prevalecerán cuando el pueblo unido reclame y ponga a usurpadores y colaboradores en su lugar de la historia. Así será.

Twitter: @CarlosJRangel1

lunes, 19 de diciembre de 2016

La Violencia en Venezuela: Fractura Intencionada

“Hoy en día, sin embargo, tenemos que decir que un estado es una comunidad humana que (exitosamente) reclama el monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza física sobre un territorio determinado.”
 – Max Weber

En el lenguaje de Weber, fuerza física se refiere a violencia y es así como se ha interpretado desde que esas palabras fuesen dichas en un discurso en la entreguerra del S. XX en Alemania. Aclara Weber que el uso legítimo es la defensa del orden público y las fronteras, y que el estado delega en sus representantes (policía, etc.) ese uso dentro del marco de un estado de derecho: “…el derecho al uso de fuerza física se asigna a otras instituciones o individuos solo hasta el nivel que el estado lo permita.”

Los resultados indican que Chávez fue un político sagaz. Llegó y se mantuvo en el poder manteniendo un espejismo de democracia mientras consolidaba una autocracia partidista para encaminar al país hacia su proyecto socialista marxista basado en el modelo cubano. A 24 años de su primer intento golpista de tomar el poder, Venezuela tiene el modelo político y de gobierno cubano en plena vigencia, su (fallido) modelo económico en avanzado proceso de implementación, y un modelo social en caos. También, sin duda, fue un político con suerte. Su mayor suerte es haberse muerto antes de que sus cuervos le sacasen los ojos.

El colapso del modelo social tiene sus raíces en el primer gobierno de Chávez. Desde el primer momento, al cambiar la fecha de juramento a la presidencia al 2 de febrero en conmemoración de su primer acto ilegal como golpista, empezó a socavar el estado de derecho. Al jurar sobre “esta moribunda constitución,” reiteró su estirpe autoritaria. Dos días después, ante un desfile de las FF.AA. celebrando en el Paseo Los Próceres el aniversario del golpe, ataca nuevamente el estado de derecho al declarar:

"Ayer, saliendo de la Catedral, un hombre joven de unos 25 años llorando a la puerta de la Catedral me dijo: 'Chávez, ayúdame. Tengo dos hijos y se me están muriendo de hambre, y yo no quiero meterme a delicuente obligado. ¡Sálvame de este infierno!'  Esa es la verdad. ¡Abramos el corazón, ya basta de mentiras! ¿Cuántos hombres como ese que lloró conmigo a las puertas de la Catedral no terminan en la cárcel de Yare o en el Dorado? Porque muchos de ellos tienen que salir a robar un pan para darle a su hijo y no se muera de hambre. ¿Cuántos no caen en eso?  Yo creo que yo también caería, hermanos.  Si yo fuera ese hombre joven que lloró conmigo ayer a las puertas de la Catedral de Caracas, y viese a mi hija a punto de morir de hambre yo creo, Dios mío, que yo saldría a medianoche a hacer algo para que mi hija no vaya a la tumba." 

Esta es la base del modelo social del gobierno chavista, una economía redistributiva en vez de creativa de la riqueza y, si el gobierno no cumple, redistributiva por mano propia: “el delincuente obligado.”

En un modelo elaborado con grandes y complicadas ecuaciones diferenciales titulado “El Monopolio de la Violencia: Evidencia en Colombia” (2009), los académicos Daron Acemoglu, James A. Robinson y Rafael Santos, determinan que fuerzas paramilitares en control de territorios utilizan su influencia a favor de políticos que apoyan dichas fuerzas procurando votos mediante la intimidación. Sin haber elaborado rigurosos análisis de campo, Chávez, y su mentor Fidel, sabían esto por intuición política. Es por ello que desde el origen del gobierno de Chávez se organizan los Círculos Bolivarianos directamente supeditados al presidente de la República y ordenando al Vicepresidente, Diosdado Cabello, suministrarles todo el apoyo posible del gobierno para defender la revolución.  Aparte de ser un mecanismo para centralizar el poder al sustituir, deslegitimar y anular otras instituciones intermediarias entre el ciudadano y el gobierno, la creación de los Círculos Bolivarianos iniciaron la fractura del Monopolio de la Violencia por parte del estado.

No todo Bolivariano está cortado por la misma tijera. Hay (o hubo) bien intencionados que ante la injusticia social se aferraron a esa ilusión de bienestar que prometió Hugo Chávez. Pero lamentablemente 1) esa ilusión era solo eso, un espejismo—no hay socialismos marxistas exitosos en el mundo salvo aéreos, y 2) el liderazgo cuenta.


Los Círculos Bolivarianos se convirtieron al poco tiempo en grupos de intimidación. Modelados en base a los Comités Pro Defensa de la Revolución en Cuba y los Batallones de la Dignidad en Panamá, los Círculos en su dirigencia tenían chavistas revolucionarios extremos y su ejemplo más fulgurante fue Lina Ron, líder del círculo de La Piedrita. A pesar de los desmentidos oficiales de suministro de armas a los más extremistas en los círculos, Lina Ron declaró: “estamos armados hasta los dientes… En cualquier momento en que los fascistas alcen un dedo contra los pobres serán castigados por nuestras milicias populares.” Nótese que califica a su Círculo Bolivariano como una milicia. El Contra Almirante Carlos Molina Tamayo, ex Jefe de Armamento y ex Secretario del Consejo de la Seguridad de la Nación durante los primeros años de Chávez (1999-2002), asegura en el 2002: “Tengo información de que (los Círculos Bolivarianos) están recibiendo armas y entrenamiento de los cubanos.”

La extra legalidad permitida e incentivada por líderes como Lina Ron para lograr la intimidación redundó en agresiones, robos y asesinatos cobijados por esa impunidad. A los derechos de los revolucionarios se les agregó el derecho a delinquir impunemente. El poder intimidatorio de los Círculos Bolivarianos se acrecentaba con cada hecho violento hecho en su nombre.

En el 2002 ocurre una transformación y profundización de la fractura del Monopolio de la Violencia. El 11 de Abril Chávez abandona el poder tras una masiva marcha pacífica solicitando su renuncia y la reacción negativa del alto mando militar ante las órdenes del presidente de disparar contra los manifestantes. Se instala un gobierno de transición de emergencia sin agenda clara ni ideología preconcebida. El gobierno provisional decreta la disolución de todos los poderes públicos y anuncia elecciones en un plazo no mayor de seis meses.  Los Círculos Bolivarianos se movilizan y asedian las instituciones de gobierno, en particular la sede de la presidencia, Miraflores. La coalición del gobierno provisional se desmorona y Chávez regresa triunfante al palacio presidencial.

Una vez de vuelta en el poder, Chávez se asegura de reforzar las milicias civiles que lo ayudaron a reinstalarse. El patrocinio de los Círculos Bolivarianos hace metamorfosis y se instalan como los guardianes de la revolución una nueva generación de grupos, llamados “Colectivos,” que difieren poco de pandillas de maleantes organizados para beneficio propio que utilizan el remoquete de “revolucionarios” para justificar sus crímenes.



En poco tiempo algunos de estos colectivos se aliaron o fusionaron con las “Misiones” (la otra serie de organismos intermediarios controlados por el gobierno para mantener el control de los votantes y el pueblo), al punto que se convirtieron en indistinguibles entre sí en algunos casos. En efecto, el brazo de control social del gobierno (las Misiones) tiene un brazo armado de control represivo en los colectivos. Las prácticas de intimidación, protección y extorsión se generalizan entre los colectivos y sus miembros, resquebrajando más la autoridad legítima. Esta impunidad e independencia es auspiciada por Chávez, puesto que es su manera de mantener una fuerza armada paralela y leal a su persona como defensa ante algún posible esfuerzo opositor para sacarlo del poder—sea por la fuerza o por los votos. Chávez en su discurso frecuentemente aludía a “usar las armas del pueblo” para defender la revolución.

El deterioro del contrato social por la impunidad reinante es ignorado por Chávez y sus acólitos. Niegan como exageraciones de “escuálidos” los índices crecientes de violencia en el país y especialmente Caracas. Esta es una táctica de intimidación contra la oposición puesto que la inseguridad se arraiga como motivación para abandonar el país por miembros de la clase media, los cuales en su mayoría son oposición. Algo similar al éxodo de los “gusanos” de Fidel en la década de los 60. La impunidad se tolera como un beneficio al régimen. El discurso en contra de el derecho a la propiedad privada y las expropiaciones arbitrarias subvierten esa garantia constitucional y, en la mente criminal, se confluye el irrespeto a la propiedad privada (y por consiguiente, la vida) con actos revoulucionarios. La arbitrariedad judicial que permite esta impunidad es una manera adicional de controlar la oposición.  No contribuye a disminuir el clima de impunidad el descarado comportamiento de miembros del gobierno y las Fuerzas Armadas asociados con evidente corrupción y abierta complicidad con el narcotráfico. Y una vez que se ha derramado la leche, no se puede regresar al vaso.

Reclusos despiden a "El Conejo," Pran en Jefe
del Internado San Antonio en la Isla de Margarita
A medida que los dueños de la violencia se tornan más descarados y fuera de control, el estado tiene que reaccionar. A pesar de que líderes y miembros de los colectivos son adeptos y cercanos al régimen, tienen que ser capturados y retenidos. Pero ocurre entonces una nueva perversión: Las cárceles se convierten en sedes de las bandas de maleantes, convirtiéndose en centros de recreación para los delincuentes, en vez de centros de reclusión y (posible) rehabilitación. Las armas dentro de las cárceles están en posesión de los reclusos, y son ellos los que manejan estas instituciones del estado. Los líderes en las cárceles se autodenominan “pranes”: Preso Rematado, Asesino Nato, y tienen influencias y alcance tanto dentro como fuera del recinto carcelario. El nuevo ejecutor de la violencia, nacida como para-legítima pero ahora ya ilegítima, es un temible ogro con un nombre terrorífico. El Monopolio de la Violencia fue fracturado intencionalmente por Chávez y ha devenido en este deterioro del modelo social.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia, la cifra de muertes violentas en Venezuela para el año 2015 fue 27.875.  Aun cuando pueda haber ciertas diferencias metodológicas en esta cuenta (contando cuando una muerte violenta es homicidio, cuando es respuesta en defensa propia y cuando es represión autoritaria), la misma metodología cuenta 4.550 muertes en el año 1998. Es decir, en el período Chavista la cifra de muertes violentas ha aumentado casi 700% y la tasa por cien mil habitantes pasó de 20 a 90 (450% de aumento). Para perspectiva, entre 1985 y 1998 la tasa pasó de 9 a 20 (300%). Roberto Briceño-León (del OVV) señala que en ese periodo se disparó la tasa a partir de 1992, al quebrarse la institucionalidad con motivo de los intentos de golpe de ese año.


La violencia en las calles de Venezuela es barbárica. En un reciente coloquio en Miami (en el Interamerican Institute for Democracy), una activista venezolana residente en Venezuela relataba cómo se encontraban cabezas humanas en la región Guayana – no lo dijo, pero ocho al menos en lo que va del año 2016, según El Correo del Caroní. Hablaba acerca de partes humanas en bolsas de basura en Caracas; del placer sádico de los “pranes” que utilizan la saña para fortalecer su poder; del gran deterioro que representa esta situación. El hecho de que algunas víctimas sean ajusticiamientos por vecinos o venganzas entre criminales no disminuye la gravedad del colapso del estado de derecho.

Es natural que la violencia se propague de manera virulenta ante la fractura del pacto social, en particular entre los que se sienten impunes. El caso trágico de Liana Aixa Hergueta es un triste ejemplo. Su cuerpo descuartizado fue encontrado en la maleta de su propio carro en una calle de la Urbanización Las Palmas de Caracas. Poco después del hallazgo, dos “Patriotas Cooperantes” fueron arrestados por el crimen. Estos tenían largos expedientes por violación, fraude y robo, pero también habían sido infiltrados para delatar estudiantes y dirigentes de Voluntad Popular, Primero Justicia y Alianza Bravo Pueblo.

Estos son los mismos que delataron a Araminta González como terrorista, después que ella los dejara inocentemente alojarse en su casa. El apartamento de González fue desvalijado por estos “Patriotas,” ella los acusó y denunció por redes sociales, y tres días después fue arrestada, el 24 de julio del 2014. Un año después estos delincuentes fueron arrestados por el brutal asesinato de Hergueta y, a pesar de estar confesos, todavía no han sido procesados en juicio. Araminta González sigue bajo arresto, las pruebas y testimonios en su contra totalmente írritos.


Es lamentable que la única solución viable ante esta situación de deterioro impune del pacto social es que el estado recupere el Monopolio de la Violencia—y que esto solo es factible de manera represiva y demostrativa. La complicidad entre el régimen y las pandillas de maleantes dentro y fuera de las cárceles hace poco probable que este gobierno sea efectivo en la implementación de la solución, a pesar de haberlo intentado con las OLP (Operación Liberación del Pueblo). Estas operaciones aparentemente son parcializadas a enemigos comunes de ciertos pandilleros y autoridades pero no hacen impacto sobre las grandes bandas y sus cabecillas. Esto se intuye al crear la salvedad en la “Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones,” sometida a consideración por Diosdado Cabello y promulgada por el Presidente Maduro, protegiendo los colectivos armados con la frase paragua: “órganos e instituciones que excepcionalmente ejerzan funciones propias del servicio de policía.” 

A fin de cuentas, son los colectivos los que han ejercido estas funciones en muchas zonas de las ciudades alrededor del país. Pero su condición extra-oficial hace de estas bandas armadas un peligro latente que puede generar un grave quiebre del orden público y civil en cualquier momento ante alguna medida del gobierno (o la oposición) que vaya en contra de sus intereses percibidos o los de su grupo social de referencia. Entonces saldrán a la calle para “defender la revolución,” “proteger el legado de Chávez” o con algún otro lema de guerra. En ese caso, que Dios nos coja confesados.

Maduro inspecciona parte del arsenal del Colectivo 5 de Marzo, liderado por José Odreman.
Odreman falleció poco después, abatido bajo una lluvia de plomo, durante un enfrentamiento policial
posiblemente relacionado con la investigación del asesinato del Diputado Robert Serra.


Fuentes y Bibliografía

Acemoglu, Daron, James A. Robinson and Rafael Santos. “THE MONOPOLY OF VIOLENCE: EVIDENCE FROM COLOMBIA.” Working Paper 15578, National Bureau of Economic Research, December 2009.
Chaves, Rodrigo. “The Bolivarian Circles.”  ZNET - 30 de Julio, 2003  (accesado Diciembre 16, 2016)
Fermín, Yeannally. “¿Qué son los Colectivos?”  RunRunes – Septiembre 10, 2014 (accesado Dic. 16, 2016)
LEY_PARA_EL_DESARME_Y_CONTROL_DE_ARMAS_Y_MUNICIONES (accesado Diciembre 17, 2016)
PRANES – Sitio Web Significados  (accesado Diciembre 17, 2016)
Unidad de Investigación Run Runes (Ronna Rísquez, Lorena Meléndez, Angélica Lugo) Colectivos comandan las OLP y ejecutan a presuntos delincuentes para tomar el control de los territorios – 17 de Julio 2016.

Yajure, Jesús Alberto. “Hay 2 ‘Patriotas Cooperantes’ entre la Mujer Descuartizada y Araminta González.” RunRunes 12 de Agosto, 2015 (accesado diciembre 17, 2016)
Weber, Max. “Politics as a Vocation.”1918

Imagenes y contenido web propiedad de sus respectivos autores.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un Proyecto de Libro - La Venezuela Imposible.

NOTA: Las razones para escribir o dejar de escribir sobre un tema o concluir un libro son multivariadas. En gavetas alrededor del mundo existen grandes, mediocres y pobres obras de todo género que por un sin número de razones nunca verán la luz del sol. El paréntesis que me ha permitido en el pasado escribir sobre algunos temas parece cerrarse en un futuro cercano, mientras que otros se abren al mismo tiempo. Sin embargo, no quiero dejar de compartir las ideas plasmadas en la introducción de mi libro en ciernes “La Venezuela Imposible”, puesto que existe la posibilidad de que dicho libro no llegue a término. Dichas ideas deberán ser parte eventual de la discusión urgente de fondo sobre el modelo político y económico del país. Es por eso que he decidido compartir esta introducción.
CJR.

La Venezuela Imposible: Introducción


Quien hubiese dicho en vana ilusión que la democracia es la forma natural de gobernar los pueblos está equivocado. La historia contradice esa afirmación. En seis mil años de historia civilizada, la democracia apenas tiene segundos efímeros de existencia. Grandes obras, grandes monumentos, grandes aportes a la civilización fueron hechos por, bajo y en nombre de tiranos que sometían a sus pueblos, algunos de manera benevolente, la mayoría de manera represiva, combinando en diversas ponderaciones el poder económico, militar y religioso en una figura o élite autocrática.

El experimento democrático moderno iniciado a mediados del S. XVIII tiene su mejor ejemplo contemporáneo en Los Estados Unidos, cuyo documento originario fundamental es su Declaración de Independencia de 1776. Este documento es un argumento a favor de la representatividad, en contra del régimen autoritario, e incluye famosamente el enunciado de los “derechos inalienables y autoevidentes de todo ser humano": vida, libertad y procura de felicidad. La revolución francesa poco después, en 1789, tiene una variación sutil pero importante sobre los derechos humanos bajo el lema, “libertad, igualdad, fraternidad”. Son enfoques distintos que conducirán por distintos caminos el desarrollo político de las naciones.

No tan casualmente, este hervidero de ideas políticas y revolucionarias ocurre en medio de un período que incluye la publicación de ese tomo que cambió fundamentalmente la manera de pensar acerca de la economía: La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, publicado en 1776. Dos ideas claves surgen de este libro: la riqueza se crea mediante la transacción económica, y el ser humano en procura de su interés propio genera bienestar social. La riqueza de las naciones antes de este libro se calculaba de manera mercantilista: cuánto oro, piedras preciosas o bienes acumulados tenía un país. A partir de ese libro se va a medir la riqueza por la suma del número de transacciones económicas: lo que hoy llamamos el Producto Nacional Bruto. La segunda idea propone que la individualidad, el interés propio no es una condición antisocial, de huraños, de egoístas. Propone este concepto despojarse del sentido comunal colectivo como medio para favorecer el bienestar social. Postula que si cada quien mejora su propia condición por su propio esfuerzo, la comunidad en general mejora. Una idea radical contraria al paternalismo de estado benevolente o totalitario prevaleciente en su época.

En 1859 ocurre otro golpe de timón al pensamiento mundial, con un tomo que cambió en sus bases la manera de pensar acerca del universo: El Origen de las Especies. Este tomo es una afrenta directa a la concepción de un mundo creado por origen divino de manera perfecta y estática.  La intelligentsia, ya escéptica del mandato divino de sus dirigentes, tiene nuevas municiones para argumentar acerca del desarrollo político de la sociedad. Cambio y extinción son naturales y comunes en el universo, ergo existe la posibilidad de una mejor sociedad. La pregunta es, ¿cómo llegar a ella? Once años antes, ya se había publicado un panfleto sugiriendo una respuesta: El Manifiesto Comunista. Según este documento, la sociedad avanza de manera inexorable desde un estado pre-capitalista, al capitalista, socialista y finalmente al comunista.

Las utopías sociales descritas en el Manifiesto Comunista y la otra obra clave de Carlos Marx, Capital: Critica a la Economía Política publicado en 1867, sin lugar a dudas hicieron retroceder el desarrollo político de muchas naciones. Tras más de 150 años de experimentos sociales cuyo origen se puede trazar a partir de aquellos tres documentos, la Declaración de Independencia de los EE.UU., La Riqueza de las Naciones y El Origen de las Especies, y también de los postulados de Marx y Engels, se puede llegar a la conclusión que el comunismo es un retroceso, no el estadio superior del desarrollo de la sociedad.

Lamentablemente para los doctrinarios del marxismo Adam Smith tenía razón: el origen de la riqueza proviene de la transacción comercial libremente realizada. Marx argumenta que la riqueza reside en los bienes y en los medios de producción de esos bienes. La riqueza, sin embargo, tiene muchas formas. Herman Melville describe en su libro Moby Dick como Queequeg, el “salvaje,” era muy rico en su tierra natal por estar cubierto en tatuajes de cabeza a pie. Para algunos, en este momento en Venezuela, riqueza es tener una buena cantidad de papel higiénico y desodorante en reserva. En cualquier caso el bienestar, sea por status, comodidad, u otra percepción de la persona se origina en una transacción en la cual cada parte tiene beneficio: una relación gana-gana, la cual se suma al Producto Nacional Bruto.

Según la lógica de Marx, dado que para él la unidad económica fundamental es el bien (y su plusvalía) y no la transacción, la riqueza existe por acumulación de bienes. En otras palabras, cuando un bien pasa de una mano a otra una parte gana riqueza y otra la pierde: las transacciones son eventos suma-cero. Para evitar que esta injusticia ocurra entonces los bienes, y por ende sus medios de producción, deben ser comunes y repartirse de acuerdo a la necesidad de cada individuo en la sociedad. Esta lógica es un retroceso al mercantilismo con sobredosis de utopía social. La consecuencia inevitable de este paradigma es la creación de un estado todopoderoso y autoritario centralizando toda transacción. Y he aquí la segunda falacia del marxismo doctrinario y la reivindicación de las ideas de Smith.

Faltó indicar anteriormente, que Smith alertó acerca del peligro de la concentración económica en monopolios, los cuales siempre irían en detrimento del desarrollo económico, los individuos y el bienestar social. Dice Smith:

“Reducir la competencia siempre va en contra del interés público y solo sirve para permitir que los negociantes, al incrementar sus ganancias por encima de su nivel natural impongan, para su propio beneficio, un impuesto absurdo sobre el resto de sus conciudadanos.”

Concentrar el poder económico en un solo ente, el estado, es el monopolio supremo y un retroceso al sistema bajo el cual el soberano es titular de todos los bienes y sus súbditos los utilizan bajo licencia. Para mantener, para alimentar este monopolio del estado todopoderoso el precio de los bienes se elevan al máximo: la escasez; porque no hay bien más caro que aquel que no se consigue. Los dirigentes de este monstruoso leviatán se motivan por ese motor humano esencial también identificado por Smith, el interés propio, y harán todo lo posible por mantenerse en situación de privilegio pero sin los mecanismos que Smith propone de libre competencia, control de monopolios y separación empresa-estado y, por ende, se reduce progresivamente el bienestar social.

Es fácil entender cómo, bajo el influjo del arquetipo jungiano de justicia social y empatía ante el sufrimiento de los desamparados que impulsa la conciencia moral de todo ser humano, pueda verse en la simple idea de la sociedad utópica prometida por el marxismo un mundo de felicidad futura. Pero la historia no le ha dado la razón a la solución marxista. Las falacias y deficiencias estructurales descritas anteriormente hacen de la propuesta marxista implementada un retroceso inevitable al dominio feudal por una élite que somete al pueblo bajo su mando a las más severas restricciones para mantener sus privilegios. La propuesta marxista es claramente un retroceso en el desarrollo político de la sociedad, al revertir a un modo de gobierno común y universal a períodos anteriores al surgimiento de la democracia moderna.

La combinación de democracia representativa con la economía liberal ha sido el modelo que ha proporcionado el mayor bienestar social a los países que la han practicado. Sin embargo, por su propia naturaleza, caótica, abierta, auto-renovadora y auto-cuestionadora, la democracia liberal es frágil y, por ende, escasa. Mucho menos de uno por ciento de la población ha disfrutado de alguna forma de democracia, mucho menos de democracia liberal a lo largo de la historia de la humanidad. Vivimos una época de  glorificación de la democracia, la cual por consenso universal es considerada como el estadio superior de desarrollo político. El nombre oficial de Corea del Norte es República Democrática Popular de Corea; la antigua Alemania Oriental se denominaba a sí misma la República Democrática Alemana; y así muchos más, estableciendo como un hecho que la democracia es un ideal virtuoso, así sea de nombre.

El Socialismo Mercantilista en Venezuela

 
En Venezuela Hugo Chávez trató de imponer el “Socialismo del S. XXI” implementando la “democracia participativa”: un complejo sistema de referendos y juntas comunales de gobierno que sobreponen, eliminan, hacen irrelevantes o partidizan los organismos intermediarios independientes tales como juntas de vecinos, gremios, sindicatos, asociaciones de padres y representantes, cámaras de comercio, iglesias, etc. Estos organismos intermediarios en una democracia liberal representan la voz más directa de los gobernados ante su gobierno y limitan el poder del estado y sus acólitos. La mal llamada “democracia participativa” ha sido la manera de socavar la voz democrática del país y fortalecer el poder del estado.

El uso de slogans y nombres para desvirtuar los ideales democráticos no se limitan a “socialismo del S. XXI” y “democracia participativa.” Estos términos, así como “el imperio”, “escuálidos,” “derechas,” “neoliberalismo salvaje” y otros han cimentado el atraso político en el país con su consecuente atraso económico, y atizado la crisis política—origen de la crisis económica. El trillado remoquete “revolución” se utiliza para justificar mala administración, desmanes y abusos a diestra y siniestra. El peor de los conceptos lava-cerebros impuesto en el léxico político es “la cuarta república” para definir el período más cercano a una verdadera democracia liberal que tuvo Venezuela, entre 1958 y 1999. La república ha sido, es y será siempre una sola.

Mientras se mantenga como ideal al atrasado concepto de paternalismo de estado que dirige y controla individuos y empresas más allá de los límites posibles de cualquier sistema social modernoy que cercena cualquier libertad de acción contraria a esa dirección—se mantendrá el atraso económico y social del país. Es decir el atraso político antecede al atraso económico y social. Toda la historia reciente del país es consecuencia de su mismo pasado porque las fallas del modelo son estructurales. Los altibajos coyunturales que tanto alarman o satisfacen temporalmente son síntomas del modelo social-comunista-mercantilista fallido que ha imperado desde hace más de cincuenta años y que sin lugar a dudas e irremediablemente llevan el país al colapso.


Lamentablemente el liderazgo opositor, por conveniencia política, ha utilizado e incluso acogido algunos de los conceptos y lenguaje paternalistas y dadivosos, dándole validez a las falsedades de las cuales se nutre el pensamiento social-comunista en el país. No parece existir una verdadera intención de redimir el liberalismo como modelo social posible entre las opciones políticas de Venezuela y echar las bases de una fuerte, sólida y verdadera democracia. Por ahora.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Populismo, o la Ceguera Colectiva que Conduce los Pueblos al Abismo.

Abdicando Gobierno: Cuando las Instituciones Fallan
Es famosa la descripción que diese Winston Churchill de la democracia como el peor de todos los sistemas de gobierno salvo todos los demás. La democracia, se ha argumentado, lleva dentro de sí las semillas de su eventual destrucción al permitir en su seno, por definición, voces y facciones que se oponen a ella. Y es que con la democracia sucede que el derecho al voto universal es considerado el desiderátum—y sí lo es; pero sin lugar a dudas ese voto universal es capturado ocasionalmente por líderes que escuchan voces de un público insatisfecho dentro del sistema. Voces que se hacen eco en esos líderes que usan las libertades del sistema democrático para aprovechar las emociones surgidas de insatisfacciones heterogéneas, y a veces contradictorias, y aglutinan un movimiento político en contra del frío razonamiento pragmático que ofrecen los líderes tradicionales. Un movimiento popular con la intención de reescribir instituciones políticas y sociales existentes fuera de las fórmulas y soluciones trilladas difundidas por las élites y la intelectualidad del status quo.  Un movimiento que se describe usualmente como populismo.

El ciudadano común tiene muchas cosas en mente: su familia, su trabajo, su jardín. El ciudadano común tiene muchas ocupaciones y prefiere dedicarse más a ellas que a la función de gobierno. El ciudadano común quiere tener la confianza y satisfacción de que su gobierno es conducido por personas que protegen sus intereses en la mejor medida posible. Esas son las condiciones del contrato político que el ciudadano, el pueblo exige de su gobierno e instituciones. Cuando los dirigentes públicos rompen ese contrato, esa confianza, surge la insatisfacción y se siembra la semilla del populismo.

Como condición adicional, el populismo florece no sólo cuando la insatisfacción es generalizada, sino cuando las instituciones existentes—políticas, económicas, sociales y mediáticas ignoran dicha insatisfacción o no ofrecen un mensaje claro acerca de cómo responder a ella—es decir fallan en su rol. Los síntomas de instituciones que fallan incluyen:

  • Medios de comunicación con brechas de credibilidad,
  • Polarización partidista e ideológica impulsada por interés propio o percibida como tal y,
  • Poca participación electoral por ver al discurso institucional como estéril e irrelevante.
Bajo estas condiciones una masa popular creciente se torna en un grupo de votantes en disminución por lo cual y, por esa gran abstención, los representantes tradicionales dejan de percibirse como legítimos.

El cuerpo ciudadano tiene muchas necesidades y demandas. Cuando representantes políticos identifican estas necesidades antes de ser convertidas en un reclamo general, la democracia funciona. Al ignorar dichas necesidades y permitir que se conviertan en un malestar generalizado contra lo que se percibe entonces como una élite distanciada, se crea terreno fértil para movimientos populistas.

Es en ese momento que los desencantados, cínicos, desposeídos, marginados, pobres—los olvidados—son fácilmente seducidos por un encantador de serpientes quien encuentra en el ánimo popular que despierta su discurso una adrenalina estupefaciente que al mismo tiempo impulsa su propio narcisismo y enardece la masa. La dinámica populista entra de esa manera en un ciclo de retroalimentación crecientemente tóxico entre el líder y la masa—como toda sobredosis de cualquier droga.

El Engaño: La Antidemocracia del Populismo

El discurso populista es sectario por naturaleza. El populista busca establecer una razón simple por la cual el pueblo está insatisfecho con su condición e identifica la culpa de esa razón en un grupo que sea blanco fácil— y las instituciones, políticos e intelectuales afiliados a dicho grupo. Las emociones comunes que dicho discurso explota en su ánimo sectario son el resentimiento, la envidia, la xenophobia, el racismo y la venganza.

Por esas razones (discurso sectario, anti-institucional y emocional) el populismo es una de esas malas palabras de la política que pocos admiten como alternativa válida. Apenas recientemente movimientos políticos como Podemos, en España o el Kirchnerismo en Argentina, han buscado redefinir el término de manera positiva, reempaquetado como “democracia popular.”  Sin embargo, como todo populista, éstos se autocalifican como anti-institución o protectores de oprimidos. Esa llamada democracia popular, participativa o de las masas predica sectarismo sin respetar el derecho ni participación de las minorías en oposición[i]. Igualmente deviene en concentración del poder, destruyendo o haciendo írritos sistemas de control institucional por separación de poderes. Es la tiranía de las mayorías en ejercicio.

El populismo, a veces en el pasado y ciertamente en el moderno, se enmascara dentro de las propias reglas de juego democrático. Pero no nos engañemos, el populismo es fundamentalmente antidemocrático a pesar de buscar legitimar su poder a partir del pueblo, como su nombre sugiere. Aun cuando líderes populistas no lleguen al poder siempre cambian el diálogo político, sembrando en sus seguidores grandes dosis de escepticismo acerca de la validez de las instituciones; y, en caso de que demócratas utilicen la seductora herramienta del populismo para llegar al poder, igualmente socavan con el escepticismo sembrado las instituciones democráticas (las “verdades incómodas” de B. Arditi, citado por Frei y Rovira, 2008).

La democracia sólo se puede mantener mientras el pueblo mantenga confianza en las instituciones de la misma. Cuando la confianza decae y surge un líder que aprovecha esa falta de confianza denunciando al sistema institucional como incapaz, las expectativas creadas por las promesas de dicho líder alimentan ansias de cambio radical y esperanzas en sus seguidores. En caso de llegar al poder por vía institucional, es decir por  voto popular, la única manera que tiene el líder de cumplir con el cambio prometido es eventualmente destruyendo el mismo sistema que lo llevó al poder; caso contrario sus seguidores lo abandonarán en el futuro por un populista más radical. Cuando el líder populista llega al poder por vías no institucionales, desata purgas feroces contra los representantes institucionales del sistema anterior. Sin lugar a dudas el populista y el autoritario van de mano en mano. El populismo desenfrenado siempre y eventualmente devendrá en totalitarismo.

Los institucionalistas dejados atrás por la ola que lleva al líder populista al poder en el mejor de los casos se retiran, y en los peores terminan en el exilio, cárceles o fusilados. Los sobrevivientes desde su cueva del pleistoceno político escriben y ponderan, a veces ni tan siquiera llegando a reconocer cómo le fallaron a sus representados y las instituciones o medios que condujeron.

Thomas Jefferson argumentaba que las instituciones debían renovarse cada cierto tiempo de manera radical. El anquilosamiento institucional sin lugar a dudas desacelera, impide o retrocede el desarrollo político y, por ende económico, de los pueblos. En ciclos industriales y teoría de negocios Schumpeter se refería a un concepto similar, llamándolo, Destrucción Creativa. Esta se origina por el desarrollo tecnológico y su consecuente efecto tanto sobre sistemas de producción y distribución como estilo de vida. El populismo se inserta en el mundo político como un catalizador, como el canario en la mina, que indica la necesidad de renovación, de aire fresco en las instituciones sociales o de lo contrario enfrentar una transformación destructiva.

Cuando el populismo asoma, los demócratas tienen que reconocer las señales y luchar contra él, aun cuando parezca contradictorio que un demócrata esté aparentemente en contra de la voluntad popular. El líder populista no está engañando al pueblo, solo está canalizando la insatisfacción, recoge y hace un eco poderoso y emocional para apropiarse de la voz de los alienados por instituciones sociales en quiebra.[ii] Verdaderos demócratas tienen que ampliar su horizonte y reconocer que existe esa alienación que el populista cosecha. Verdaderos demócratas tienen que rectificar las condiciones sociales y económicas que originan la insatisfacción, puesto que dejar que el populismo se apodere de las instituciones políticas y mediáticas causan daño grave a la democracia. Y la democracia hay que protegerla, a pesar de que ésta sea el peor de los sistemas de gobierno, salvo todos los demás.

El populismo tiene su rol en la democracia, el de ese canario, y tiene atractivo pero es tóxico y peligroso como el botox. El idealismo utópico ofrecido por el populismo es seductor cuando aglutina quejas heterogéneas bajo un gran manto de malestar y promete satisfacerlas con símbolos y lemas simples en vez de propuestas concretas y complejas. La democracia liberal peligra bajo esas condiciones, pero tiene que asumir su terreno político para contrarrestar el arremeter del populismo. Las promesas fundamentales de la democracia liberal son la dignidad del individuo, la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidad, y la protección de la propiedad. Esas también son promesas seductoras. Bajo las condiciones que promete la democracia liberal el individuo puede emprender su vida con libertad en procura del bienestar, y ese emprendimiento aportará beneficios al colectivo de la sociedad—tal y como lo postuló Adam Smith hace casi 250 años y ha sido demostrado en práctica.

Es sólo bajo el sistema de democracia liberal que los pueblos han podido mejorar su condición económica y social. Existen fallas, por supuesto, pero hay que reiterar, es solo bajo un régimen democrático alternante y comprometido a solucionar dichas fallas que las mismas se pueden rectificar, tal y como lo ha demostrado la historia. Los derechos humanos, civiles y sociales florecen y se desarrollan bajo regímenes democráticos con diálogo constructivo. He allí la falla mayor y más dañina del populismo: la ignorancia de la historia. Y esa ignorancia conduce sociedades prósperas al abismo del sufrimiento económico, desintegración social y destrucción de valores bajo regímenes represivos que utilizan el monopolio de la violencia estatal (y para-estatal) para mantenerse en el poder.

  




[i] Adjetivar la democracia es un mal necesario para distinguirla de sistemas ideológicos. Así como “populismo” frecuentemente tiene connotaciones negativas implícitas por su usanza, “democracia” es considerado como un calificativo positivo para un sistema de gobierno, como fue el caso de la República Democrática Alemana (DDR – Alemana Oriental) o es el de la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte). Es por eso que el uso de la palabra democracia se ha desvirtuado tanto que hace falta adjetivarla.
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[ii] En relación con el vínculo emoción/razón Frey Rovira (2008) hacen esta interesante observación: “El hecho de que la formación del populismo descanse más en la pasión que en la razón indica una de sus grandes debilidades políticas: el problema de su duración. Criterios racionales son mucho más fáciles de estabilizar que factores emocionales. De este modo, la permanencia del populismo depende de su constante capacidad para activar pasiones colectivas. Para ello recurre a la explotación de nichos de aten­ción emocional, tales como discursos e imágenes que despiertan emociones como indignación, miedo y odio para así mantener viva la distinción entre amigo y ene­migo en la sociedad.”


REFERENCIAS

¿De Qué Hablamos Cuando Hablamos del Populismo?; Ezequiel Adamovsky. ANFIBIA, Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires Argentina – Accesado Agosto 11, 2016


El Populismo como Experimento Político: Historia y Teoría Política de una Ambivalencia; Frei, Raymundo y Rovira Kaltwasser, Cristóbal. Revista de Sociología 22, 2008; Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile – Accesado Agosto 11, 2016


Populism with a Brain; Lynn, Barry C. y Longman, Phillip. Washington Monthly, June/July/August 2016 – Accesado Agosto 11, 2016


It’s not just Trump. Authoritarian populism is rising across the West. Here’s why; Norris, Pippa. The Washington Post, March 11 2016 – Accesado Agosto 14 2015


Sorry, Obama: Donald Trump Is a Populist, and You’re Not; Chait, Jonathan. New York Magazine June 30, 2016  Accesado Agosto 14, 2016